La luz de las velas en este cuarto, con la sombra tenue del infierno, alimentado con las sobras de un corazón de piedra. Siempre que te vas, cuando me voy yo, con tu lado infame, el sonido de las rocas en mis oídos, sintiendo el amanecer.
Quiero volver, con la hierba en las plantas de mis pies, sin omitir todos las gotas de miel que me regalaste dentro de tus labios, para saber que estoy limpio de espíritu como el sol.
No dejes que las hojas terminen nuestra conversión, escondida entre los arboles, sin mirar mi agonía,
sin esperar.
la lluvia del viernes,
la mañana siguiente,
solo de tu boca,
mil bendiciones.
para hacer parar mi oscuridad, entre las horas de capricornio, el destino del mar en tus ojos, y la calma que siempre me das.
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