Es el delirio infinito,
el cerebro de la flor y la carne,
la calma con que devoras mi corazón.
El campo es dios,
a las orillas los cantos son olas dentro del viento,
el aliento del destino,
y los años en que camine junto a ti.
Libre viento arranca cada una de sus plumas,
aliméntalo,
crécelo,
repartirá las estrellas del firmamento.
Toca mis labios con tus manos,
tal vez así nos salvemos.
Ella suelta mi mano,
voy cayendo por un sendero de furia,
mi piel se está cortando,
estoy sangrando por ti.
Al final del camino,
pero en el principio del fin.
Ahí llegan las almas de poca fe,
ningún pecado es pequeño.
Las estrellas desintegran tu piel,
y poco después te elevas con la noche,
la aurora cubre tu nombre,
las olas me llevan a ti.
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